Lo que nos atrae del miedo

Evolutivamente la función del miedo es alertarnos cuando hay peligro. Genera emociones negativas que nos llevan a evitar lo que identificamos como “peligroso”. Si la reacción natural es alejarnos de lo que nos provoca miedo. ¿Entonces Por qué se puede disfrutar de una película de terror, de una novela de suspenso o de leyendas urbanas?

 
La sensación placentera del miedo viene explicada principalmente por la adrenalina. En una situación de peligro real no podríamos pararnos a disfrutar de sus efectos. Si nos imaginamos a un hombre primitivo que se enfrenta a un gran depredador, tendrá que poner todo su esfuerzo en huir o luchar contra el animal. Se trata de una situación de vida o muerte, toda la energía está puesta en sobrevivir.
 
Sin embargo, cuando estamos viendo una película, y aparece la típica escena que nos hace dar un salto en el asiento, posteriormente nos sentimos embargados por una sensación de placer, incluso podemos llegar a reírnos de nuestro propio miedo. En este caso, sabemos que la situación no es peligrosa de por sí, se trata de una situación de miedo controlado, podemos sentirlo sabiendo que no es realmente peligroso y disfrutar de los efectos positivos compensatorios.
 
Lo mismo pasa cuando nos montamos en una atracción de caída libre. No disfrutamos realmente de que nos dejen caer al vacío mientras podemos sentir una sensación de muerte inminente durante unos segundos. Lo que nos gusta es la reacción compensatoria, la sensación de “subidón” que experimentamos al llegar al suelo.
 
El miedo entonces es como un sistema de alerta, se activa ante una situación de peligro. Activar este mecanismo de defensa en todo momento no es algo natural. Por ello trabajar con nuestros miedos siempre es saludable.